1 sept. 2011

El chico que saltó del Puente.

Como cada mañana se despertó sin demasiados ademanes. Abría los ojos, miraba durante unos minutos al techo y se volvía a decir a si mismo "Nunca lo haré".

David, estaba en esa extraña edad en la que eres adulto y adolescente a la vez, según el tiempo lo requiera. Y en su pueblo, un polvoriento lugar atravesado por un cristalino riachuelo, esta edad parecía ser el comienzo de un guión escrito en las estrellas.

Si le preguntáramos, no sabría decirnos con exactitud su proceso de pensamiento, ni cual fue la chispa que lo encendió ni la gota que lo colmó. Simplemente, estaba allí. A un sólo paso de atreverse. Y en un suspiro había cambiado su "Nunca lo haré" por un "Estoy a un sólo paso". No era un puente demasiado alto, seguramente sólo sufriría algún raspón al caer. O tal vez esa era su visión, porque por lo visto, los habitantes de su comunidad no pensaban igual. Gritaban y gritaban que era una locura, que tal vez, habría oportunidades mas valiosas...

Una sola vez miró hacia atrás. No fue una mirada de duda, fue una despedida.

A día de hoy, David sigue cayendo, dejando pasar los objetos que bajan a una velocidad menor o mayor a la suya, y con el inconveniente de no poder mirar hacia adelante sin miedo, y añorar la distancia que queda entre aquel puente y él mismo. El fondo es demasiado oscuro y alejado, pero no nos engañemos, todo lo que sube baja, pero cuando algo baja, dificilmente vuelve a subir.

"Y un dia, sin venir a cuento, se agarró a una estrella que bajaba a su misma velocidad"


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