Pero tal vez, lo que más me atrae es que, casi siempre, los niños representan esa parte irracional que todos tenemos, esa parte impulsiva que intentamos contener demasiado a menudo. Y claro, cuando juntamos a niños y violencia, casi siempre da un resultado, cuanto menos, interesante.
Toda esta reflexión viene a raíz de mi visionado de la última ganadora del Oscar a mejor pelicula extranjera "En un mundo mejor" (Susanne Bier, 2010) donde un niño me hizo plantearme más en profundidad la convicción sobre lo politicamente correcto, y sobre "La ley del más fuerte". No
quiero desvelar demasiado sobre la película pero os la recominedo fervientemente.

Al terminar la película, comenté con mi amigo Kiko Prada, los más y los menos de tomarse la ley cada uno por su mano, y sobretodo, la influencia de la educación en los niños, como les afecta verse vejado por su aspecto, o alabado por ser más fuerte que otro, o ver como su padre es humillado por otra persona. ¿Donde nace el sentimineto de venganza?
A la mente me vinieron otras dos grandes películas sobre estos temas. Imprescindibles de cualquier cinéfago como son "Dejame Entrar" (Tomas Alfredson, 2008) o "La Cinta Blanca" (Michael Haneke, 2009). Me parece que estos tres títulos formas una buena referencia para empezar a darle al coco. Recomendadísimos.